¿Existe una contradicción entre triunfar y llevar una vida piadosa? Según parece, muchos creen que sí. Aquellos que promocionan el éxito hablan de hacer planes. Sin embargo, la Biblia dice: No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal (Mateo 6:34).
Los que abogan por el éxito hablan de ejercitar el autocontrol y de encargarse de su propio destino. La Biblia enseña acerca del espíritu de dominio propio, que es conducido por el Espíritu de Dios en todas las cosas. Jesús enseñó: Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad (Juan 16:13).
Los que predican el éxito hablan de tener confianza en sí mismos, pero la Biblia enseña claramente que no tengamos confianza en la carne (Filipenses 3:3).
Quienes promocionan el triunfo dicen que la aspiración debe ser convertirse en el número uno o fijarse en el número uno. Dibujan una imagen del éxito en la que se sube por una competitiva escalera. Retratan un mundo de competencia brutal, en el cual los que están dispuestos a utilizar a otros se abren camino como pueden hacia la cumbre.
En agudo contraste, Jesús dijo: A cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos (Mateo 5:39-41).
El apóstol Pablo enseñó que los cristianos deben caminar con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:2-3).
Leemos en Santiago 4:10: Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará.
Pregunté al principio de este capítulo: ¿Pueden realmente ir de la mano el éxito y una vida piadosa? ¡Sin lugar a dudas! La clave yace en nuestra definición de éxito y en nuestra profunda comprensión de cuánto desea Dios que triunfemos.
Si en realidad queremos triunfar, a la manera de Dios, debemos comenzar con una definición del éxito basada en la Biblia.