Las despabiladeras para cortar las mechas eran asimismo de oro, lo mismo que los platillos (Éx. 25:38). Las lámparas ordinarias, de tierra, tenían a veces tapaderas, ya sea independientes, o bien haciendo parte integral del utensilio.
Un orificio, en el centro de la tapadera, permitía la introducción del aceite; en un extremo, otro agujero dejaba pasar una mecha. Nuestra versión Reina-Valera 1960 traduce el vocablo hebreo «nêr» como lámpara, luz de lámpara, linterna (2 S. 21:17; Jer. 25:10; Sof. 1:12).
El heb. «lappid» se traduce como teas, antorchas y relámpagos (Jue. 7:16, 20; Is. 62:1; Dn. 10:6; Jue. 15:4; Nah. 2:4; Zac. 12:6; Gn. 15:17; Éx. 20:18). El término gr. se traduce como lámparas y antorchas (Mt. 25:1; Ap. 4:5; Hch. 20:8; Jn. 18:3).
En sentido figurado, la lámpara representa la Palabra de Dios (Sal. 119:105; Pr. 6:23). La antorcha es la imagen de la salvación divina (Is. 62:1; Fil. 2:15, «luminares»). El espíritu del hombre es una «lámpara de Jehová» (Pr. 20:27).
Extinguir la lámpara de alguien significa su destrucción (2 S. 21:17; Pr. 13:9). La lámpara simboliza el testimonio de los creyentes que da luz a las almas perdidas en las tinieblas (Jn. 5:35; Mt. 5:15-16; cfr. Ap. 1:12, 20).