Jesús contó la historia de un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, "a cada uno conforme a su capacidad". Luego se fue lejos.
El que recibió cinco talentos negoció con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos, ganó otros dos. Pero el que recibió uno, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo, el señor volvió y arregló cuentas con ellos. Al de cinco talentos le dijo: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor". Lo mismo dijo al de dos. Pero al que había escondido el talento le dijo: "Siervo malo y perezoso... debías haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses". Y ordenó quitarle el talento y dárselo al que tenía diez.
Significado
Un talento equivalía aproximadamente a 37 kilogramos de plata o su equivalente en oro: una cantidad inmensa. Esta parábola enseña que Cristo, antes de ascender al cielo, encomendó a sus discípulos una misión y les confió dones, recursos y responsabilidades según su capacidad.
El tiempo entre la ascensión y la Segunda Venida no es un vacío, sino un período de mayordomía activa. La Segunda Venida será el momento de rendir cuentas: no de cuánto recibimos, sino de qué hicimos con lo recibido. La fidelidad en lo poco conduce a la recompensa en lo mucho.
Aplicación
La espera de la Segunda Venida no es pasividad, sino productividad. El "talento" representa todo lo que Dios nos ha confiado: dones, tiempo, recursos, oportunidades. Esconderlos por miedo o pereza es la única manera de fracasar. La preparación para la venida de Cristo consiste en trabajar fielmente con lo que Él nos ha dado, sabiendo que un día rendiremos cuentas ante Él