Esos minutos fueron claves para lo que sucedería en unos instantes y en nuestro futuro. A los pocos minutos una gran visión envolvió a Dante de manera que literalmente lo dejo temblando.
De pronto, todo el departamento pareció iluminarse y apareció ante sus ojos un estadio completamente repleto de jóvenes con estandartes y banderas que tenían escritas leyendas que hablaban de santidad.
-Era como si Dios me estaba ofreciendo una función privada en pantalla gigante de lo tenía preparado para nosotros, magistralmente editado a ocho cámaras, pude ver a miles de jóvenes desde todos los ángulos del estadio. –relataría Dante algunos años después en “El código del Campeón” (Vida-Zondervan).
Mi esposo apareció a los pocos minutos al lado de mi cama, pálido como un papel y emocionado como un niño que acaba de abrir su juguete de navidad.
-Sé lo que va a suceder –me dijo- Dios va a darnos un ministerio multitudinario con la juventud, acabo de ver un estadio completamente repleto de jóvenes y yo estaba allí. Nos abrazamos arrodillados en la cama, mientras que le agradecíamos al Señor por su fidelidad.
Dios necesita cazadores de sueños, personas que estén dispuestas a invertir sus horas de descanso, su tiempo frente al televisor, sus eternos días navegando por internet, para poder silenciar su corazón y oír con detenimiento cuales son los planes Divinos.
No son los contactos correctos ni una recomendación lo que lograrán que tu ministerio estalle. Es la oración íntima, intensa y privada la que finalmente logra trastocar la historia.
Siempre nos preguntamos que hubiese sucedido de no haber orado cada noche; es muy sencillo decir: “Si Dios tiene un ministerio para mi vida, finalmente me lo dará”, pero muy pocos quieren pagar el precio de ir por él.
En distintas partes del mundo me he topado con personas que me dicen que sueñan con grandes visiones. “Ahora solo estoy esperando que ocurra”, me dicen como un gran hallazgo.
Pero muy pocos comprenden que Dios necesita cazadores de sueños, personas que estén dispuestas a invertir sus horas de descanso, su tiempo frente al televisor, sus eternos días navegando por internet, para poder silenciar su corazón y oír con detenimiento cuales son los planes Divinos.