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DEVOCIONALES CRISTIANOS DIARIOS

Dios quiere llevarnos a una Libertad Verdadera.

Arline Westmeier

Las olas de nuestras emociones fluctúan y nuestros pensamientos pueden correr según sus propias direcciones sin nuestro control.

Nuestros pensamientos y emociones son como las olas inmensas del mar. En determinado momento nos sentimos felices y contentos, quizás aún eufóricos, pero muy pronto podemos llegar a sentirnos tristes y deprimidos.

Sin embargo, a pesar de esas olas inmensas que se levantan en la superficie del mar, si nos sumergimos bastante debajo de ellas, encontramos agua que permanece quieta y libre del fuerte movimiento de las olas; aun la tempestad más fuerte no puede inquietar aquellas aguas, cuyas corrientes fluyen libres por sus propios canales.

Dios quiere llevarnos a una libertad verdadera. Nos llama por nombre, y nos extiende su mano todo el día para guiarnos (Romanos10:21); sin embargo, muchas veces tememos confiar en Él, porque según nuestros pensamientos y percepciones, el camino por el cual Él nos guía, va en dirección contraria a lo que nos parece.

Como hijos de Dios, nuestra condición interior es similar al océano. Las olas de nuestras emociones fluctúan y nuestros pensamientos pueden correr según sus propias direcciones sin nuestro control.

Sin embargo, más debajo de nuestros pensamientos y emociones hay un lugar tranquilo y reposado donde somos libres de escoger qué vamos a hacer en cuanto a la tempestad que ruge en la superficie de nuestras emociones y pensamientos.

Podemos escoger controlar lo que nos parece que debemos pensar y sentir mediante su negación y represión, pero lo que neguemos o reprimamos reaparece en forma de enfermedades o pensamientos y acciones compulsivas.

De otro lado, podemos permitir que nuestras emociones y pensamientos controlen nuestras actitudes y acciones, y quedar fluctuando de un lado a otro, o sea en cualquier dirección que ellos vayan en un momento dado; eso nos conducirá a vivir una vida inestable y sin dirección.
Cristo vino con el fin de proveernos una salida a este dilema.

Él murió para hacernos libres de ser arrastrados por nuestros pensamientos y emociones y nos ha dado la autoridad en Su nombre para usarlo en contra del enemigo que quiere mantenernos encadenados y divagando de acá para allá según su voluntad.

Dentro de nosotros, más debajo de nuestros pensamientos y emociones, somos libres para escoger usar la autoridad del nombre de Cristo por medio de la cual entramos a la libertad que Él tiene para nosotros.

La batalla para ser libres de esos pensamientos dañinos no podemos darla con buenos pensamientos o buenas intenciones; sólo Cristo y la autoridad de Su nombre nos hace libres. Sin embargo, nadie, ni siquiera Dios mismo, puede forzarnos a escoger Su camino de escape. Nosotros, cada uno por sí mismo, tiene que decidirse a caminar hacia esa salida.

Muy dentro de cada uno de nosotros hay un lugar donde somos libres para decidir escoger ser libres. No podemos liberarnos nosotros mismos, pero sí, somos libres para decidir escoger a Cristo; somos libres de decidir escoger usar la autoridad en el nombre de Cristo; somos libres de decidir escoger llamar una mentira por su nombre de mentira y, en el nombre de Cristo, decir al que nos trae la mentira que salga de nuestra vida.
Para analizar todos los pensamientos que podrían venir a nuestra mente requeriríamos mucho trabajo y resultaría muy tedioso; por eso vamos a mirar unas guías básicas que rápidamente pueden ayudarnos a discernir si nuestros pensamientos vienen de Dios, o si son tentaciones que deben ser rechazadas.

Regla N° 1.- ¿Viene ese pensamiento como un “silbo apacible y delicado” que puedo resistir si así lo deseo?
Dios nunca nos obliga a obedecerle. Él nos llama suavemente y vuelve a llamarnos de nuevo, pero siempre nos deja en libertad de elegir.

En cambio los pensamientos obsesivos nos vienen con tal fuerza que casi no podemos resistirnos a hacer lo que nos dicen, tampoco ignorarlo y se requiere una resistencia y concentración extraordinaria para no llevarlos a cabo.

Regla N° 2.- ¿Toma el pensamiento un evento en particular y lo generaliza a toda la persona o a su carácter?
Dios no solamente nos permite decidir si vamos o nó a obedecer su voz; tampoco aprovecha un error para condenar la totalidad de la persona o su carácter.

Cristo trató eventos particulares como ellos eran y no los generalizó ni los relacionó con ningún otro. Sin embargo no es así como funcionan nuestros pensamientos obsesivos. Toman incidentes sencillos y los generalizan hasta llegar a condenar todo el carácter y la vida de la persona.

Regla N° 3.- ¿Pone este pensamiento las promesas de Dios en duda? Ningún pensamiento que se origina en Dios, pone en duda su Palabra. Muchos pensamientos obsesivos empiezan con las palabras, “Sí, pero....” Esos pensamientos hacen de Dios un mentiroso. Necesitamos derribar cada argumento que se levanta contra el conocimiento de Dios.

Regla N° 4.- ¿Se centra el pensamiento en Dios o en mí mismo? Cuando un pensamiento se centra en nosotros y en nuestras fallas y fracasos, en vez de centrarse en la perfección y el triunfo de lo que Cristo hace en nosotros y cómo obra a través nuestro, ya sabemos que dicho pensamiento no viene de Dios. Es una tentación y tiene que ser rechazada y echada fuera en el nombre de Cristo ¡Inmediatamente!

Regla N° 5.- ¿Este pensamiento me hace libre? La Biblia nos dice que la verdad nos hace libres (Juan 3:31). Si un pensamiento que se repite no nos hace libres, no es verdad; quizás contiene algo de verdad, pero en alguna parte tiene algo agregado y en otra parte tiene algo suprimido, lo cual distorsiona la verdad. En sí, el pensamiento no viene de Dios, porque Dios dice la verdad y su verdad nos hace libres.
Arline Westmeier

Arline Westmeier

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