Marina aprendió a leer y escribir siendo adolescente. Estuvo al borde de la muerte —malaria, hepatitis y la contaminación por mercurio dejada por la minería ilegal erosionaron su cuerpo—. Pero cuando finalmente aprendió aquellas letras, lo primero que hizo fue empezar a leer y a pensar.
En la década de 1980 se unió al movimiento de los caucheros, luchando hombro a hombro con el legendario líder Chico Mendes. Organizaron "barreras humanas" —cuerpos que detenían las topadoras e impedían que los madereros ilegales talaran los árboles de caucho que sostenían sus vidas—. Recorrió aldeas remotas explicando a caucheros tan pobres como ella una nueva constitución que se redactaba en la lejana Brasilia: "Hasta ahora solo teníamos obligaciones, nunca derechos".
Más tarde, Marina Silva se convirtió en la senadora más joven de la historia de Brasil y luego en ministra de Medio Ambiente. Durante su mandato, la deforestación de la Amazonía cayó casi un setenta por ciento. Recibió el "Premio Ambiental Goldman", conocido como el "Nobel Verde".
Su libertad nunca fue abstracta. Fue el paso de una niña que no podía estudiar ni leer a una mujer capaz de alzar la voz por su pueblo y por esa selva. Su libertad estaba entrelazada con la libertad del bosque y con la dignidad de aquellos caucheros, de forma tan inseparable como las lianas de la Amazonía.