La Biblia nos dice que podemos vivir en una esfera espiritual que se caracteriza por la felicidad, la vida investida de poder, éxito y prosperidad.
Mediante una relación con Dios, somos milagrosamente transportados al Reino de la luz: una esfera que abre ilimitadas puertas de oportunidad, nos capacita para descubrir nuestro propósito divino, maximizar nuestro mejor potencial y experimentar abundancia infinita.
La luz no es solo ausencia de oscuridad, sino que también es la presencia de Dios que quiebra yugos, la liberadora esencia de la verdad, y el potencial de cada revelación de Dios para transformar la mente. Es todo lo que es bueno en nuestro interior y entre nosotros.
Tomas mi mano y me guías cuando no sé por dónde ir; cambias las tinieblas en luz y lo escabroso en llanura (Isaías 42:16). Eres merecedor de mi confianza total y pongo mi completa seguridad en ti. En el nombre de Jesús, amén.