Pero Carlos se negó. Su respuesta era siempre la misma: "No puedo dejar de ir, ya que el bien del paciente es antes que el de nosotros" .
Atendió a pacientes infectados de coronavirus hasta que su salud se lo permitió. Siguió yendo a su clínica, desatendiendo el peligro, porque entendía que su trabajo contribuía a desaturar los hospitales. Un día, él mismo empezó a sentirse mal. Les avisó a sus pacientes por WhatsApp que no podría atenderlos. Días después, su hermano Nelson, médico radiólogo, confirmó que Carlos tenía una de las infecciones más graves que había visto .
El doctor Carlos Tobar falleció el 13 de julio de 2020. Su esposa lo recuerda con dolor y orgullo: "Para nosotros, dentro de nuestro dolor, nos queda la satisfacción de que la gente tiene muy buenos recuerdos de él por la atención que les daba" .
Su lealtad no fue a una institución, ni a un juramento vacío, ni a una idea abstracta. Fue a sus pacientes. A los seres humanos concretos que confiaban en él. Y esa lealtad le costó la vida.