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Devocionales Cristianos

Rico en Bienes, Pobre en Carácter

Abraham tenía fe, pero no la requerida para conducirse en forma honesta y sincera delante de los hombres
Abraham era riquísimo, tenía sirvientes y muchos bienes, ganado, plata y oro. ¿Pero de qué le valía esa riqueza sí no tenía el suficiente valor para decir la verdad y enfrentar sus consecuencias?
📖 Texto Bíblico: Génesis 13:1-4
Rico en Bienes, Pobre en Carácter | Devocional | Ivan Tapia

“1 Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. / 2 Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. / 3 Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, / 4 al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.” (Génesis 13:1-4)

Abraham había mentido en Egipto. Engañó al faraón presentando a su esposa Sara como su hermana. El monarca, al apreciar la belleza de la mujer, estuvo dispuesto a creerle hasta que se enteró de su mentira. Entonces lo humilló con sus preguntas, pero mostró más carácter que el patriarca y lo expulsó del país.

La salida de Egipto fue una vergüenza para él y su familia. Seguramente sus siervos comentarían el tema, perdiendo reputación e imagen; hoy diríamos que dio mal testimonio. Debe haberse sentido avergonzado delante de los suyos y del Señor.

Entonces decide regresar a aquel lugar que él consideraba sagrado, entre Bet-el y Hai, donde había levantado un altar al Señor. Necesitaba buscar la paz, reconciliarse con Dios y con su propia conciencia. Le urgía ir a adorar a Dios.

A veces pecamos y le pedimos perdón a Dios, pero estamos avergonzados, no sólo ante Él sino ante nosotros mismos; nos avergonzamos de ser tan débiles, tan carnales, tan poco espirituales y fallar una vez más a Dios, a quienes confían en nosotros (la familia, los amigos, los hermanos, los compañeros) y también a nosotros mismos.
Abraham era riquísimo, tenía sirvientes y muchos bienes, ganado, plata y oro. ¿Pero de qué le valía esa riqueza sí no tenía el suficiente valor para decir la verdad y enfrentar sus consecuencias? Era materialmente rico, pero en cuanto a carácter todavía no había sido enriquecido. Tenía fe, pero no la requerida para conducirse en forma honesta y sincera delante de los hombres.

Casi siempre mentimos por cobardía porque no queremos sufrir, vernos expuestos a una situación de peligro o vergüenza, ser juzgados o catalogados de un modo que no deseamos. Pero ese temor, miedo o cobardía no justifica que mintamos y faltemos a la verdad delante de Dios.

La mentira es un pecado que a Dios no le agrada. Hay distintas formas de mentir, de engañar y ocultar la verdad. Como cristianos estamos llamados a hablar con honestidad, sinceridad, franqueza, a ser honestos.

"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros." (Efesios 4:25)

El miedo de Abraham fue perder a su esposa. El miedo opacó su fe. Fue presa del terror al llegar a ese pueblo; temió que lo mataran para quedarse con su esposa y por eso usó la mentira.

Sentimos miedo de tener una mala consecuencia de una acción nuestra o de algo que somos y por miedo mentimos, ocultamos. Pero luego tendremos que ir ante el Señor a reconciliarnos con Él, buscarlo y adorarlo como le sucedió a Abraham, que debió volver a Bet-el (Casa de Dios)

Después que pecamos viene el remordimiento, la culpa y necesitamos arrepentirnos, volver atrás, al altar del Señor y reconciliarnos con Él, pedirle perdón y rogarle que nos de valor para cambiar, que nos ayude a ser correctos.

Evitaríamos tantos sentimientos negativos si sencillamente fuéramos valientes y veraces.
Sobre el autor

Iván Tapia Contardo es Pastor de la Iglesia Cristiana Discípulos de Jesucristo, Valparaíso. Nació en Valparaíso, Chile, en 1953. Es Especialista en Educación de Ciegos (U.Ch.), Bachiller en Teología (G.M.U), escritor y p...