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Ilustraciones sobre Generosidad

El ángel del maderamen

Los hombres son ricos sólo mientras dan. Aquel que hace grandes favores recibe grandes recompensas.
Los hombres son ricos sólo mientras dan. Aquel que hace grandes favores recibe grandes recompensas.

El ángel del maderamen

Los hombres son ricos sólo mientras dan. Aquel que hace grandes favores recibe grandes recompensas.

Elbert Hubbard

Mis muelas ya gritaban.

No podía descuidarlas más tiempo.

Así que al fin me decidí a hacer caso omiso del miedo que le tenía a los dentistas e ir a que me las curaran.

Pero, ¿cómo?

Yo estaba entonces en el segundo año de la universidad y apenas si podía mantenerme con trabajos de medio tiempo.

Tal vez podía curarme la peor.

Hojeé la Sección Amarilla y llamé al primer dentista que encontré cuyo consultorio estuviera a una distancia accesible a pie.

La recepcionista me indicó que fuera de inmediato.

Mientras atravesaba de prisa la universidad, hasta el dolor se me olvidó por la preocupación respecto a cómo pagaría la cuenta.

Pocos minutos después estaba sentada en una silla y un dentista me examinaba y exclamaba "¡hmm!" al revisar el desastre de mi boca.

—Su boca está en muy mal estado.

—Eso ya lo sé —articulé en tono de sabelotodo para ocultar mi miedo.

—Pero no se preocupe, se la voy a arreglar.

—No, no lo hará.

No tengo para pagarle —y comencé a descender de la silla.

—¿Qué está haciendo?

—Ya se lo dije, no tengo dinero.

—Usted es estudiante de la universidad, ¿o no?

¿Qué tiene que ver?

—Sí...

—Usted se va a graduar dentro de algunos años, ¿o no?

—Espero que sí.

—Y entonces trabajará, ¿o no?

—Esas son mis intenciones.

—Bueno, entonces me pagará.

Entretanto, usted se concentra en sus estudios y a mí me deja la odontología.

Lo miré.

Hablaba en serio.

Con calma tomó su instrumental y arregló la cavidad que me estaba doliendo.

A partir de ese día, lo visité semanalmente hasta que mi dentadura quedó en buenas condiciones.

Y la conservó así con revisiones periódicas.

Después de graduarme obtuve un trabajo y, en unos cuantos meses, cubrí sus honorarios.

Durante los cuarenta años siguientes he optado por llamar a este hombre mi "ángel del maderamen".

Se trata de desconocidos que aparecen de la nada, del maderamen, cuando necesito ayuda.

Me han prestado y dado dinero, materiales o equipo; me han enseñado habilidades y me han ayudado a organizar grupos; a veces me han rescatado del peligro o de cometer algún grave error.

Así que, querido dentista, esté donde esté, que Dios lo bendiga y gracias de nuevo.

La Biblia nos anima a estar atentos y dispuestos a ser ese instrumento de bendición para otros, recordándonos que la generosidad nunca pasa desapercibida a los ojos de Dios:

"No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles." (Hebreos 13:2)