Y el criminal dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23.42–43
Aningún pecador se le ha dado nunca garantía más explícita de la salvación. Este más improbable de los santos fue recibido de inmediato y sin condiciones en el reino del Salvador. El incidente es uno de los grandes ejemplos bíblicos de la verdad de la justificación por la fe.
No se esperaba que expiar sus propios pecados, hiciera penitencia o realizara cualquier ritual
Las palabras de Jesús al ladrón moribundo le transmitieron una promesa incondicional de perdón completo, cubriendo cada mala acción que había hecho. No se esperaba que expiar sus propios pecados, hiciera penitencia o realizara cualquier ritual.
No se le designó al purgatorio, aunque si realmente hubiera un lugar así, y si las doctrinas que invariablemente acompañan a la creencia en el purgatorio fueran ciertas, este hombre se habría asegurado una larga estancia allí. Pero en cambio, su perdón era pleno, libre e inmediato: Hoy estarás conmigo en el Paraíso.