Los monumentos asirios representan a los eunucos sin barba. En cambio, los egipcios se la dejaban crecer como señal de duelo. Por eso José tuvo que afeitarse para ir a presentarse a la corte (Gn. 41:14).
La ley levítica prohibe cortar la punta de la barba por ser esto un acto de devoción entre ciertos idólatras (Lv. 19:27; Jer. 25:23). Estaba mandado raparla en caso de lepra como medida higiénica (Lv. 14:9).
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