Las puertas de las ciudades se cerraban por la noche (Jos. 2:5, 7). En el interior de la ciudad los rasgos más importantes eran: la torre o el castillo; el lugar alto, donde se ofrecían sacrificios y se celebraban fiestas;
la amplia plaza junto a la puerta de entrada de la ciudad que servía para el intercambio social en general; y las calles, simples callejones angostos, tortuosos, desempedrados, sucios y oscuros.
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