Con esto expresaba el principio de la gracia que debe gobernar el andar del cristiano. Cristo calló en medio del sufrimiento y de la afrenta (cfr. Is. 53:7; 1 P. 2:19-24).
El cristiano tiene que tener muy presente, si quiere andar como fiel discípulo, que «el siervo no es mayor que su señor» (Jn. 15:20).
Así, el cristiano es llamado a la paciencia y a obrar siempre en gracia y abnegación hacia los demás, buscando siempre vencer el mal con el bien (Ro. 12:21, etc.).
Podemos verdaderamente esperar el día de nuestra vindicación en aquel día en que el Señor mismo será vindicado públicamente (cfr. Fil. 2:5-11).
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