Deja sus huevos en la arena, bien cubiertos. El sol los calienta de día, y los padres se sientan sobre ellos de noche.
Otros huevos son dejados sin protección para que cuando los nuevos avestruces salgan de los suyos tengan alimento.
En cuanto a la indiferencia de los avestruces hacia los suyos (Jb. 39:13-18), queda ilustrada por su fuga cuando se acercan cazadores, abandonando el nido.
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