Antes de esto era vaso preparado para destrucción, pero ahora es vaso escogido, habiendo sido purificado y transformado por la gracia de Dios, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles. Como vaso, fue hecho fuerte, porque iba a padecer mucho por Mi nombre.
El Príncipe del cielo no acude a tomar el puesto de soldado raso en las huestes de Jehová. Si Él no es el capitán, no está ahí. El Señor Jesucristo no es siervo de la Iglesia, sino su Cabeza.
Es absolutamente innecesario que nadie se acerque a Dios fingiéndose ser diferente de lo que es; y sin embargo este disfrazar el propio carácter mientras se presentan las peticiones a Dios es un común fraude piadoso.
Su venida no es el fin del mundo, sino la introducción de un nuevo mundo. La Piedra se torna en gran Monte, y llena toda la tierra. Un monte es el símbolo de la fuerza y estabilidad del Reinado.
Cristo ya ha vencido al mundo, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. A Dios sean dadas las gracias, que en Cristo siempre encabeza nuestras procesiones triunfales.
La obra y la guerra son las características de la vida cristiana. Los que descuidan la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, están en peligro de trabajar en vano.
Tan pronto como la confianza descubre que ha sido mal situada, muere. El hijo o la hija descarriados son amados por los sufrientes padres aunque no puedan confiar en ellos.
Le dijeron aquellos hombres: Nosotros estamos inmundos. Confesaron su inaptitud, e intentaron no justificarse a sí mismos. Se presentaron como descalificados a causa de su impureza, y rogaron la misericordia y gracia que pudiera alcanzar a su necesidad y dar satisfacción a sus almas.
El Señor sabe dónde están sus fieles. No necesita ninguna carta de recomendación; Él puede fácilmente crear las circunstancias que harán necesario hacer venir al que está escondido.
La oración es una necesidad. Hay necesidad de orar siempre, y no desmayar. Es imposible creer en Dios y no sentir la necesidad de orar. Es el aliento vital del cristiano.